jueves, 8 de marzo de 2012

Fumaba asomado a la ventana y pensaba en la vida que estaba por venir. No en la mìa, desde luego, la mìa es bosta y basura, si no en la de mi hijo. Yo pensaba basicamente en èl. Es raro el echo de tener un hijo y estar asomado a la ventana y no pensar en arrojarte sino en el futuro que le tendràs que dar, o en el que le podràs dar, y darte cuenta de que matarse ya no es una opciòn, de que la primera regla de un suicida responsable es no matarse si alguièn depende directamente de ti. Ahora la vida tenia cadenas y me aprisionaba a ella con el pecho a raz del suelo. Fumar, beber, llorar, todo iba a sufrir una suerte de limitaciòn. Como cuando me propuse no beber mas y veìa con nostalgia cerrar los bares de la ciudad. Tal vez no me ame a mi mismo, tal vez no ame a su madre, pero estoy seguro que a el le darìa mucho mas del amor que nadie me ha dado  jamàs.

No hay comentarios:

Publicar un comentario