lunes, 31 de octubre de 2011
Niña.
Ahora que camino solo hace un viento mas helado que el de ayer y el frío de tus ojos me dice que te deje en aquella esquina sin flores ni nombre, aquella esquina donde dormimos la última vez. Donde nos abrazamos por primera vez, donde nos besamos en el último minuto de tu cumpleaños. Por que tus caricias están coloreadas con el tenue rojo de mi sangre revolcada en muros de hotel y ventanas de manicomio. Ahora que me siento solo abro un blog y le prendo las sabanas a la vida por que no tengo mas a donde ir ni que hacer. No duermo, veo televisión. No leo, abro mi carne. Una noche sin gps o sabuesos a mitad del bosque que es como esos días que son los mismos de cada quincena en los que me quedo sin dinero y con el presupuesto echo trisas entre los dientes. Esos ojos de niña mala, de niña asustada, de niña que mira el horizonte apocalíptico de una guerra nuclear y que solo se preocupa por el rubor de sus mejillas quemadas, por el espesor agrio y voluminoso de sus pestañas nunca postizas de Mary Kay. La chica por la que perdí el celular y el rastro y el camino y el vuelo para escapar de casa se me estuvo hiendo por años y ahora, que deje la ventana abierta, la jaula se convirtió en pájaro.
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