domingo, 27 de noviembre de 2011
Día uno.
Salí de casa a las siete de la mañana, tome una ducha antes con agua caliente, el clima era muy frío. La vida tiene un aspecto raro por las mañanas frias cuando sales con la piel caliente debido al agua de la regadera. La grandeza de la tecnología. Aunque la verdad es que yo no estudio ni se nada de tecnología. Solo soy un escritor, y de los malos. La calle seguía vacía pese a que ya eran las siete de la mañana. A esa hora se supone que la gente sale a trabajar y los fantasmas regresan a sus tumbas, que deben de ser agrías y frías. Yo por mi parte avance a la avenida y cogí el transporte público. El conductor era gordo y tenia aspecto de perfecto desquiciado. Me senté junto a la ventana y durante todo el trayecto no hice nada mas que mirar gente y objetos. No pensé en nada. solo observe gente y objetos. La vida a veces no tiene mucho que contar si se deja de lado la poesía y los diarios de escritores suicidas. Al llegar a Coruña caminé con mi novia para atrás y nos reímos como zombis. Por un momento creí ser Blanchot por que él también salía por la mañana a caminar. Aunque yo caminaba hacía el trabajo y tenía un destino. Que mas da si nada mas llegar a cualquier lado en seguida me quiero ir. Cuando no tengo nada que hacer escribo y cuando tengo algo que hacer también. Siempre he dejado las cosas importantes de la vida de lado. Lo cual me lleva a concluir que esta no es mas que literatura y gritos y poemas rabiosos. Estoy enfermo y tengo hambre. Tengo un mal de amores, pan y poco menos que contar. Desde aquel día al día de hoy sigue nublando.
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